Reseña de Assassin’s Creed Shadows: Las Garras de Awaji
Las Garras de Awaji trae de vuelta la magia de Shadows, pero también sus defectos. Un DLC visualmente hermoso, aunque poco arriesgado.
Los DLC siempre llegan con un peso especial: no solo amplían la experiencia de un juego que ya conocemos, sino que tienen la misión de justificar su existencia ofreciendo algo fresco, memorable y, en el mejor de los casos, imprescindible. Con Las Garras de Awaji, primera gran expansión de Assassin’s Creed Shadows, Ubisoft apuesta por continuar la historia de Naoe y Yasuke tras los eventos principales. Sin embargo, la gran pregunta es: ¿este contenido adicional logra estar a la altura de lo que promete, o simplemente se siente como más de lo mismo?
La respuesta, después de pasar más de diez horas en Awaji, es un poco agridulce. Hay cosas que brillan con fuerza —como el nuevo entorno y el arma inédita para Naoe—, pero también decisiones de diseño que restan fluidez y hasta generan frustración en una experiencia que pudo ser mucho más redonda.
Un regreso esperado pero predecible

Uno de los atractivos de este DLC es que representa una oportunidad de volver a convivir con Naoe y Yasuke, personajes que se ganaron un lugar en la memoria de los fans tras decenas de horas en la campaña base. Para quienes invirtieron casi 80 horas en el juego original, como fue mi caso, Las Garras de Awaji se siente como un “regreso a casa”: volver a recorrer escenarios, enfrentarse a nuevos retos y extender una historia que ya parecía cerrada.
La expansión inicia con un toque interesante: una breve secuencia en formato de acción lateral, casi como un guiño nostálgico al pasado de Ubisoft y los spin-offs clásicos de Assassin’s Creed Chronicles. Aunque dura muy poco, esta introducción es fresca y deja con ganas de más. Lamentablemente, esa chispa inicial no termina por reflejarse en el resto de la campaña.
La historia parte de un nuevo misterio: Naoe obtiene pistas sobre el paradero de su madre desaparecida. Esta búsqueda la lleva a la isla de Awaji, una región al suroeste del mapa principal. El planteamiento es prometedor, pero conforme avanzan las misiones, el guion vuelve a caer en patrones ya conocidos: asesinar objetivos específicos, recolectar documentos, explorar templos y mantener un ritmo que, aunque sólido, carece de grandes giros o sorpresas.
Awaji: una isla pequeña pero encantadora

La verdadera novedad de la expansión es el escenario. Awaji no es enorme, pero justamente en esa escala radica su encanto. Es como un concentrado de todo lo que el mundo base ya ofrecía: montañas, aldeas, templos y costas se integran en un espacio compacto donde la variedad se percibe de manera más inmediata.
Gráficamente, el juego sigue siendo un espectáculo. Los cambios de estación continúan presentes, y la iluminación natural transforma los paisajes en postales vivientes. Más allá de la repetición en la estructura de misiones, simplemente caminar y contemplar los escenarios sigue siendo un placer. En este aspecto, Ubisoft reafirma que Assassin’s Creed Shadows es uno de los títulos más bellos de la saga.
Para los exploradores de corazón, Awaji garantiza unas diez horas adicionales de contenido si se aprovecha cada rincón. La densidad del mapa compensa su tamaño y hace que la isla se sienta viva y llena de oportunidades.
El bastón de Naoe: frescura en el combate

Una de las adiciones más notables es el nuevo bastón como arma para Naoe. Este implemento aporta una capa extra al sistema de combate, con movimientos distintos y un estilo que exige cierta curva de aprendizaje. No transforma radicalmente las peleas, pero sí introduce una variación bienvenida que se agradece tras tantas horas con el arsenal base.
El problema, sin embargo, es que este cambio llega acompañado de una mayor insistencia en los combates. Y aquí es donde empiezan los tropiezos más notorios del DLC.
Cuando la acción ahoga la exploración

Si algo caracterizaba al juego base era su capacidad de balancear exploración y acción. Podías pasar largos periodos recorriendo paisajes, infiltrándote en templos o interactuando con aldeanos sin sentirte constantemente perseguido. Eso cambia en Las Garras de Awaji.
Ubisoft decidió llenar la expansión de encuentros aleatorios con enemigos, a un nivel que rápidamente se vuelve cansino. Apenas recorres unos metros cuando alguien te descubre y te embosca. Incluso personajes aparentemente inocentes, como un mercader o un viajero, pueden resultar ser agresores encubiertos.

Lo que podría haber sido un sistema interesante de tensión e incertidumbre termina saturando. No solo porque los combates aparecen con demasiada frecuencia, sino porque a menudo suceden en lugares absurdos. Es frustrante estar dentro de tu refugio —un espacio que en el juego base representaba paz y seguridad— y de repente tener que pelear contra una docena de enemigos.
Además, la inteligencia artificial de los aliados deja mucho que desear: muchas veces se quedan de pie mientras todo estalla a su alrededor. Esto rompe la inmersión y genera situaciones ridículas que contrastan con la seriedad de la narrativa.
Una historia que pudo ser más

Narrativamente, el DLC parte de una idea atractiva: darle continuidad al viaje personal de Naoe y profundizar en sus motivaciones. Sin embargo, la ejecución no logra despegar. Tras el arranque prometedor, la trama se diluye en un esquema casi idéntico al de la campaña base.
Sí, se agradece tener más contenido y que la historia fluya de forma natural después del final del juego principal. Pero también es cierto que la oportunidad de arriesgar más se perdió. La expansión pudo haber apostado por giros argumentales más audaces, una mayor introspección en la relación de Naoe con su madre o incluso un villano memorable que justificara el viaje. En lugar de eso, se queda en un terreno seguro que sabe a “epílogo extendido” más que a una aventura independiente.
Valor de entretenimiento

En lo técnico, Las Garras de Awaji mantiene el estándar de calidad del título base. No empeora nada, pero tampoco innova de forma sustancial. Es, literalmente, más de lo mismo. Y ahí radica tanto su fortaleza como su debilidad.
Por un lado, quienes quedaron enamorados del mundo de Assassin’s Creed Shadows encontrarán suficiente material para seguir enganchados durante varias horas. Por otro, quienes esperaban una experiencia más arriesgada sentirán que Ubisoft se limitó a cumplir con lo justo.
Conclusión
Assassin’s Creed Shadows: Las Garras de Awaji es un DLC que cumple, pero no deslumbra. Tiene momentos interesantes, como el breve prólogo en 2D, la isla compacta de Awaji y el bastón de Naoe, que refresca el combate. Visualmente, sigue siendo una obra imponente y recorrer sus paisajes es un deleite.
Sin embargo, la saturación de encuentros aleatorios, la repetición de misiones y una historia que no termina de arriesgar lo suficiente hacen que la expansión se sienta más como un epílogo prolongado que como un verdadero capítulo imprescindible.
¿Vale la pena jugarlo? Sí, especialmente para quienes amaron el juego base y desean pasar más tiempo con Naoe y Yasuke. Pero quienes esperaban una experiencia sorprendente o revolucionaria quizá terminen con la sensación de que Las Garras de Awaji pudo dar mucho más de sí.
Gracias a Ubisoft Latinoamérica por proporcionarnos un código del DLC para poder realizar esta reseña.
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