Reseña: Hannah VCR
Hannah VCR convierte las cintas VHS en puzzles jugables. Raro, creativo y muy mexicano. Un indie que hay que probar… aunque sea corto.
No ha pasado ni un año desde el lanzamiento del inquietante Hannah, y el estudio mexicano Spaceboy ya está de regreso con una nueva propuesta: Hannah VCR. Esta vez, el equipo se aleja del plataformero 3D de horror psicológico que definió al título original, para presentarnos un spin-off experimental que toma como base mecánicas de rompecabezas en 2D y una estética analógica. Pero eso no es todo; también incluye soporte para realidad virtual, dándole una dimensión completamente distinta a su universo.
Hannah VCR es mucho más que un cambio de perspectiva. Aquí, el terror pasa a segundo plano y lo que reina es la creatividad. La narrativa cede el paso al gameplay, que gira en torno a la manipulación de cintas de video como si fueran fragmentos de un nivel. La propuesta se siente como si alguien hubiera convertido el proceso de editar un VHS en una mecánica de juego, y el resultado es tan raro como intrigante. Lo-fi, críptico, pixelado y con una vibra ochentera, el título se presenta como una experiencia corta pero única.
Eso sí; no es para todo el mundo. Hannah VCR no busca atraparte con una historia compleja ni con horas de contenido, sino con un concepto llamativo que brilla en sesiones breves. El resultado es una pieza interesante dentro del catálogo indie mexicano, aunque también deja claro que algunas de sus ideas se quedan a medio camino.
Jugabilidad: puzzles en formato VHS

A diferencia del primer Hannah, aquí la jugabilidad es el corazón del juego. Todo gira en torno a cintas VHS y cómo se manipulan para resolver rompecabezas. Cada nivel es un espacio dividido en “fotogramas” o secciones grabadas, que el jugador debe recortar, mover y editar para que Hannah pueda avanzar. Es como si tuvieras control total sobre la edición de una escena, y tu tarea fuera hacer que el resultado sea jugable.
Este concepto se explora mediante herramientas como tijeras para cortar la cinta, tinta para alterar elementos y filtros de color RGB (rojo, verde y azul) que hacen desaparecer obstáculos o plataformas dependiendo del canal que tengas activo. Eso le da una dimensión extra al reto: cada cinta es una combinación de edición y lógica visual, que cambia dependiendo del color que proyectes en la pantalla.
En papel, es una idea brillante. Desgraciadamente debo decir que me resultó un poco frustrante al comienzo, no tiene tutoriales y los controles me desesperaron un poco al no saber qué hacer. Eso sí, veo que la mejor experiencia es en VR, ya que es más orgánica. El estudio debería mejorar un poco eso, hacer una jugabilidad que permita el uso del mouse, en vez de solo las teclas.
Una vez que comprendes la jugabilidad. El uso de un televisor análogo como hub de interacción es ingenioso y estéticamente atractivo. Y cuando el juego acierta con sus acertijos, realmente brilla. Hay niveles que te obligan a pensar de forma no lineal, a experimentar, a entender el espacio como una cinta editada y no como un mapa tradicional. En ese sentido, se siente fresco y diferente a todo lo que hay actualmente en el mercado indie.
Buenas ideas con ejecución irregular

Aunque la propuesta jugable es creativa, no siempre se mantiene interesante durante toda la experiencia. A pesar de que las herramientas disponibles invitan a la experimentación, el diseño de niveles no escala en complejidad como uno esperaría. En pocas palabras: el juego se vuelve repetitivo más rápido de lo que debería. Una vez que entiendes cómo funcionan las reglas del mundo, rara vez te sorprende con algo nuevo.
La falta de progresión real o de nuevas mecánicas que evolucionen a lo largo de las tres o cuatro horas que dura el juego hace que se sienta como una demo extendida más que un producto completo. Eso no quiere decir que sea malo, pero sí que tiene un potencial que no se termina de explotar. El diseño de acertijos tiene momentos brillantes, pero se pierden en una estructura que se siente un tanto plana hacia el final.
Y hablando del final… ese es otro punto flojo. La recompensa narrativa no está a la altura del viaje. No hay un cierre emocional ni una gran revelación; simplemente termina, y se siente como un corte abrupto en la cinta. Para un juego tan enfocado en lo experimental y lo atmosférico, ese detalle pesa.
Apartado visual y técnico

Donde Hannah VCR brilla sin discusión es en su presentación. El estilo visual lo-fi, cargado de filtros VHS, distorsiones, tracking falso y texturas granuladas, es simplemente perfecto para el concepto. Todo parece salido de una grabación perdida de los noventa, y eso le da una personalidad única. Es un juego que sabe exactamente cómo quiere verse y lo ejecuta con convicción.
El minimalismo también le sienta bien. No necesita efectos vistosos ni escenarios complejos para generar ambientación. El diseño de interfaz es limpio, retro y totalmente funcional, y en modo VR es todavía más envolvente. Poder ver el televisor de cerca, manipular las cintas como si fueran objetos físicos y moverte en ese espacio es una experiencia que, aunque breve, se siente muy bien lograda.
Además, el juego corre bien en PC y tiene soporte funcional para VR desde el primer momento, algo que no todos los títulos indie logran. Eso demuestra que, detrás del concepto extraño y la estética de cinta rota, hay un equipo que sabe lo que está haciendo a nivel técnico.
Apartado sonoro

El apartado sonoro complementa perfectamente la experiencia. Desde los clásicos sonidos de reproducción de una VHS, hasta los zumbidos, glitches y silencios prolongados, todo está diseñado para reforzar la sensación de estar manipulando una grabación olvidada. No hay música melódica ni banda sonora convencional, pero sí una atmósfera sonora que se siente cruda, perturbadora y completamente alineada con la identidad del juego.
Lo interesante es cómo el sonido también actúa como pista para resolver acertijos. En ciertas secciones, pequeños cambios en el audio pueden darte pistas sobre lo que está fallando o lo que está por aparecer. No es un recurso constante, pero cuando lo hace, lo hace bien. Una vez más, la ambientación es más importante que el espectáculo, y Spaceboy lo entiende perfectamente.
Conclusión
Hannah VCR es una rareza encantadora. Un spin-off que toma un concepto poderoso —el de editar recuerdos a través de una cinta— y lo convierte en una experiencia interactiva que destaca por su estética y originalidad. Sin embargo, también es un juego que se queda corto en contenido, en profundidad y en evolución de mecánicas. Tiene ideas increíbles, pero muchas de ellas parecen quedarse en borrador.
Aun así, lo que entrega es valioso: una experiencia breve pero única, ideal para una tarde de exploración surreal. Funciona mejor como una curiosidad experimental que como una entrega completa, pero eso no le quita mérito. Es justo el tipo de proyecto que solo un estudio indie mexicano como Spaceboy puede atreverse a hacer; imperfecto, raro y profundamente personal.
Si te gusta el diseño de puzzles no convencional, las propuestas estéticas distintas y los juegos que no se parecen a nada más, Hannah VCR es una parada obligatoria. Solo prepárate para que la cinta se acabe más rápido de lo que esperas.
Agradecemos al estudio de Spaceboy por proporcionarnos una copia del juego para poder realizar esta reseña.
-
Videojuegoshace 4 semanasPlayStation celebra Hot Sale 2026 y Days of Play con descuentos en juegos y controles DualSense
-
Videojuegoshace 4 semanasReview de Yoshi and the Mysterious Book
-
Videojuegoshace 2 semanasGTA Online recompensa a la comunidad con nuevas misiones, bonificaciones cuádruples y regalos
-
Reseñashace 3 semanasReview de eFootball Kick-Off!
-
Videojuegoshace 2 semanasGears of War: E-Day ya tiene fecha de lanzamiento
-
Videojuegoshace 4 semanas007 First Light ya está disponible en acceso anticipado
-
Reseñashace 3 semanasReview de LEGO Batman: Legacy of the Dark Knight
-
Videojuegoshace 3 semanasEA SPORTS FC 26 presenta “The World’s Game”

