Reseña: The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered
The Elder Scrolls IV: Oblivion, el gran clásico RPG de Bethesda, regresa con una remasterización a la altura del gran legado del juego original.

Después de una gran cantidad de rumores y filtraciones, Bethesda hizo oficial la existencia de The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered, un lanzamiento que trae de vuelta este gran clásico en una remasterización a la altura de su legado.
Han pasado casi dos décadas desde que The Elder Scrolls IV: Oblivion irrumpió en la industria, dejando una huella profunda en los amantes de los juegos de rol y la fantasía. La llegada de su versión remasterizada no solo trae una actualización visual evidente, sino también una oportunidad para revivir, o descubrir por primera vez, un universo tan entrañable como imperfecto.
Oblivion Remastered no pretende reinventar la experiencia original. Al contrario, busca mantener intacta su esencia, con todas sus virtudes, defectos y rarezas. En este intento de conservar el alma de Cyrodiil, se ha realizado un trabajo que combina respeto por el material fuente y adaptaciones moderadas para la actualidad.
No estamos frente a un remake que lo cambie todo. Aquí se optó por retocar los bordes, pulir el brillo, pero dejando a la vista esos cuantos errores que tantos jugadores aprendieron a querer. Es una experiencia nostálgica, pero también una ventana para que nuevas generaciones entiendan por qué Oblivion es considerado un clásico.
¿Vale la pena The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered? Aquí te lo decimos en esta reseña del regreso de uno de los grandes clásicos de Bethesda.
Entre la Luz, la Oscuridad y la libertad narrativa
La trama de The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered nos transporta a la majestuosa provincia de Cyrodiil, donde un mal antiguo amenaza con destruir el mundo conocido. Nuestro viaje inicia como un prisionero anónimo, sin rumbo ni propósito claro, hasta que el mismísimo emperador Uriel Septim VII, interpretado por Patrick Stewart, irrumpe en nuestra celda para cambiarlo todo.
El asesinato del emperador a manos del culto conocido como Amanecer Mítico desata una serie de eventos que nos llevarán a buscar y proteger a su último heredero. Mientras las puertas de Oblivion, portales a un infierno daédrico, se abren en toda la región, la lucha contra las fuerzas de Mehrunes Dagon se convierte en una carrera desesperada por la supervivencia de Tamriel.

La historia principal gira en torno a cerrar esas puertas y frenar el avance de las fuerzas infernales, pero Oblivion no se limita solo a su campaña. El mundo está lleno de misiones secundarias, gremios y líneas narrativas alternativas que enriquecen y expanden la experiencia de formas que pocos juegos han logrado replicar, y siendo esto uno de los puntos más destacados de Oblivion dentro de la industria.
Desde conspiraciones políticas en la Ciudad Imperial, pasando por sociedades de asesinos como la Hermandad Oscura, hasta cacerías de vampiros y disputas entre gremios, Cyrodiil es un lugar donde cada rincón guarda una historia esperando a ser descubierta. Y en esta remasterización, todo ese contenido vuelve a brillar con luz propia.
Lo más notable es cómo la narrativa consigue equilibrar el tono épico de salvar el mundo con relatos más personales e íntimos. No todas las misiones son grandes y épicas travesías, ya que algunas tratan de ayudar a un granjero, resolver un crimen o explorar ruinas olvidadas. Esa variedad mantiene siempre fresca la sensación de aventura.
Oblivion también tiene la capacidad de hacer que cada jugador se sienta protagonista de su propia aventura, independientemente de si siguen la historia principal o se pierden durante horas en actividades secundarias. Es un logro que sigue sintiéndose vigente, incluso casi veinte años después de su concepción, lo cual es todavía un mérito mayor al ver que en todo este tiempo pocos juegos han logrado algo tan grande.
Ahora bien, a pesar de su escala épica, el ritmo narrativo no siempre es perfecto. Hay momentos en que la repetitividad de cerrar portales o las largas caminatas entre ciudades pueden restar algo de urgencia a la historia principal. Sin embargo, esa sensación de “desaceleración” también aporta a la idea de un mundo abierto y libre.
Lo interesante de Oblivion Remastered es que, aunque sus bases narrativas se mantuvieron intactas, su nueva presentación ayuda a reforzar en gran medida toda la inmersión. Escuchar los viejos diálogos, ahora con una calidad de audio superior, o ver escenas familiares con nuevos efectos de iluminación y mayor detalle visual, le da un peso emocional extra a muchos momentos claves.
El conflicto entre la Luz y la Oscuridad, entre la estabilidad del Imperio y el caos del Oblivion, sigue siendo un motor poderoso que empuja la aventura hacia adelante. Y aunque el desarrollo de personajes no es tan profundo como en algunos RPG modernos, la ambientación logra suplir muchas de esas carencias.
Además, las expansiones como Shivering Isles y Knights of the Nine, incluidas en esta versión remasterizada, enriquecen aún más la experiencia narrativa. Especialmente Shivering Isles, con su mundo demente y su enfoque más surrealista, aporta una nueva dimensión al universo de Oblivion.

El mérito de esta remasterización no solo radica en mantener esa historia intacta, sino en realzarla lo justo para que se sienta igual de mágica hoy como lo fue en 2006. Hay una autenticidad que se siente en todo momento, como en cada línea de diálogo torpemente actuada, en cada historia secundaria inesperadamente trágica o en cada encuentro con los extraños habitantes de Cyrodiil.
Oblivion no es un juego que se contente con guiarte de la mano de principio a fin. Es un juego que te invita a perderte, a desviarte del camino trazado y a encontrar tu propia narrativa dentro del vasto tapiz de Cyrodiil. Esa libertad narrativa, imperfecta pero honesta, es lo que sigue diferenciándolo incluso de muchos juegos actuales.
Jugabilidad modernizada, sin perder la esencia original
En su núcleo, Oblivion Remastered conserva toda la esencia de aquel sistema de juego que tantos recordamos. La libertad sigue siendo absoluta: puedes decidir ignorar la historia principal durante decenas de horas y dedicarte a explorar mazmorras, unirte a gremios o simplemente recorrer Cyrodiil sin rumbo fijo.
La estructura de misiones mantiene ese enfoque no lineal que definió a los RPG de Bethesda. Hay una campaña principal bastante robusta, sí, pero también hay decenas de líneas secundarias que no solo extienden la duración, sino que ofrecen algunas de las mejores historias y situaciones del juego. Desde la brutal competencia en la Arena de la Ciudad Imperial, hasta la intriga de la Hermandad Oscura, pasando por la nobleza del Gremio de Magos o el secretismo del Gremio de Ladrones, cada facción ofrece su propio camino lleno de decisiones, sorpresas y peligros aguardados por ser descubiertos.
Una de las mayores virtudes de Oblivion sigue siendo esa sensación de que cada acción tiene su pequeño eco en el mundo. Robar a plena vista puede llevar a que los guardias te persigan sin descanso, y un simple acto de caridad puede abrir nuevas oportunidades. Esa reactividad, aunque limitada si lo comparamos con algunos RPG de lanzamientos más recientes, sigue siendo totalmente entrañable.
En cuanto a las mecánicas básicas, Oblivion Remastered introduce algunos ajustes que, aunque pequeños, hacen una diferencia notable en la experiencia diaria. La más evidente es la adición de un botón para correr, una característica ausente en el juego original que ahora hace mucho más ágil el desplazamiento. Poder correr transforma no solo la navegación del mundo abierto, sino también la dinámica de los combates y exploraciones de mazmorras. La velocidad extra hace que los espacios, aunque vastos, no se sientan tan pesados ni tediosos al explorarlos como podían resultar hace casi veinte años.

Otro cambio importante es la modernización de la interfaz de usuario. Los menús son más intuitivos, el acceso a estadísticas, mapas e inventario es más rápido, y elementos como la brújula ahora ofrecen mejor información sin saturar la pantalla. Pequeños detalles que mejoran el flujo sin traicionar el espíritu original.
Sin embargo, a pesar de estas mejoras, Oblivion Remastered conserva muchos de los rasgos que hoy se sienten muy anticuados. El sistema de combate, aunque cuenta con animaciones más refinadas, sigue careciendo de verdadero peso o impacto. Los enfrentamientos cuerpo a cuerpo aún se reducen a intercambiar golpes algo torpes y predecibles entre nosotros y los enemigos.
Las magias, aunque visualmente más atractivas gracias a las mejoras gráficas, mantienen sus viejas limitaciones: poco efectivas al principio, demasiado dependientes del gasto de maná, y con una progresión que puede sentirse abrupta entre niveles bajos y altos.
También es notable cómo el sistema de nivelación fue ajustado, mezclando ideas del Oblivion original con elementos más flexibles de Skyrim. Ahora no estás tan atado a tu clase inicial y la progresión se siente más natural. Se introdujo una nueva característica llamada Orígenes, que modifica algunas estadísticas iniciales según elecciones de trasfondo, aunque su impacto real en el juego es relativamente menor a lo que gustaría. Aporta algo de variedad, pero no cambia radicalmente la experiencia base.
A nivel de misiones, todo sigue fiel al diseño original: explorar ruinas, cerrar puertas de Oblivion, cumplir encargos para NPC’s variopintos. No hay cambios significativos en la estructura o la variedad de tareas, lo que significa que las fortalezas y debilidades del diseño original también regresan intactas. Por ejemplo, la repetitividad de cerrar múltiples puertas de Oblivion con escenarios que, aunque visualmente impresionantes, se sienten muy similares entre sí sigue siendo un punto flojo que no se corrigió en esta versión.
Donde sí se nota una mejora, aunque sutil, es en la cámara en tercera persona. Ahora es mucho más utilizable que en el juego base, con mejor control y respuesta, permitiendo que más jugadores opten por esta vista sin frustrarse con la torpeza que antes la caracterizaba.

Otro aspecto curioso es que, si bien se hicieron ajustes a la jugabilidad, también se mantuvieron errores históricos que forman parte de ese “encanto” de Oblivion. Los fallos de física, los NPC actuando de maneras erráticas, y algunas mecánicas absurdamente explotables siguen presentes. Algunos de estos bugs son hasta celebrados por los fans como parte de la experiencia, pero para nuevos jugadores puede ser desconcertante encontrarse con sistemas que se sienten rotos o inacabados en pleno 2025.
Sin embargo, lo que salva a Oblivion Remastered es, una vez más, la cantidad abrumadora de opciones que da al jugador. Si te cansas de luchar, puedes enfocarte en alquimia, en magia, en sigilo, en persuasión o en exploración pura. Siempre hay un rincón de Cyrodiil esperando una nueva historia.
Y, en ese sentido, Virtuos y Bethesda han logrado un delicado equilibrio: modernizar algunos aspectos vitales sin sacrificar esa sensación de mundo abierto repleto de posibilidades, donde cada decisión, cada desvío del camino, cuenta. Oblivion Remastered no es un RPG moderno disfrazado de clásico. Es el mismo corazón de 2006, latiendo bajo una nueva capa de modernidad que, aunque imperfecta, sabe respetar la identidad del lanzamiento original.
El renacer visual de Cyrodiil en la era moderna
Visualmente, Oblivion Remastered representa un salto abismal respecto a su versión original. La utilización de Unreal Engine 5 permitió rehacer completamente los entornos, las texturas, la iluminación y los modelos de personajes, dándole al juego la apariencia de un título de última generación, pero sin perder su identidad.
El cambio más evidente se aprecia en los escenarios. Cyrodiil se ve más viva y detallada que nunca. Los campos, bosques, montañas y ruinas ahora lucen una riqueza de texturas y efectos de iluminación que, sencillamente, no eran posibles en 2006. La distancia de dibujo mejorada le da al mundo una sensación de amplitud y grandeza.
La nueva iluminación dinámica transforma los paisajes, especialmente en momentos como el amanecer o el atardecer, donde los cielos vibrantes y la niebla lejana crean postales que invitan a detenerse a contemplar. Cada zona de Cyrodiil ahora tiene un carácter más definido gracias a un trabajo de color y atmósfera muy cuidado.
Sin embargo, el estilo artístico no fue reemplazado, sino modernizado. Oblivion sigue conservando ese aire entre realista y de cuento de hadas que lo distinguía de otros juegos de fantasía más oscuros o crudos. Virtuos supo respetar esa estética, actualizando los gráficos, pero sin convertirlo en algo irreconocible.

Los personajes son otro punto donde se nota una evolución enorme. En el original, las caras eran notoriamente extrañas, caricaturescas e incluso inquietantes. Ahora, los modelos son más realistas, con mejores proporciones, texturas de piel detalladas y animaciones faciales mucho más expresivas y reales.
Algunos NPC conservan rasgos exagerados que los hacen ver un tanto peculiares, casi como figuras de cera. Es una mejora clara, pero con un guiño deliberado a la torpeza visual que tanto cariño generó en los fans del Oblivion original.
Las animaciones de movimiento también recibieron atención. Correr, saltar, luchar o lanzar hechizos ahora se sienten mucho más fluidas y naturales. Ya no vemos esos movimientos toscos o bruscos de antaño, sino transiciones más suaves que mejoran la inmersión en cada acción del personaje.
Algo similar sucede con los efectos de magia y habilidades especiales. Los hechizos ahora deslumbran con partículas más elaboradas y efectos de luz que acompañan cada conjuro, haciendo que el uso de la magia sea mucho más vistoso que en el original.
El nuevo enfoque visual es más limpio, más definido, pero también más sobrio. Para algunos, esto puede sentirse como una pérdida de ese toque mágico que caracterizaba la ambientación del primer Oblivion. Para otros, es simplemente la evolución natural hacia los estándares gráficos actuales.
En cualquier caso, la belleza de Cyrodiil no se discute. Ya sea caminando entre los árboles dorados de The Great Forest, admirando el esplendor arquitectónico de la Ciudad Imperial o explorando lúgubres ruinas daédricas, Oblivion Remastered logra hacer que su mundo se vea mejor que nunca.
Otro detalle importante es cómo la revisión artística no solo toca los exteriores. Interiores como cavernas, casas, fortalezas y criptas también fueron retocados, con iluminación más atmosférica, mejores texturas en paredes y suelos, y decoraciones más creíbles.

Las armas y armaduras recibieron un tratamiento similar. Ahora presentan más detalles en sus modelados y texturas, lo que se aprecia especialmente en materiales como el acero, el vidrio o el ébano, que reflejan mejor la luz y muestran un desgaste más realista.
Sin embargo, a pesar de todas estas mejoras, algunos elementos como ciertos menús y la pantalla del mapa siguen conservando su estética original, casi sin cambios.
El trabajo artístico de esta remasterización no busca reinventar el diseño original, sino homenajearlo. Y en ese sentido, Virtuos y Bethesda lograron algo muy difícil: actualizar un clásico para los tiempos modernos sin traicionar su alma.
Una remasterización impresionante, pero no exenta de fallas de rendimiento
En un juego tan grande y ambicioso como Oblivion Remastered, el apartado técnico juega un papel fundamental en la experiencia final.
Jugando en una Xbox Series S, la experiencia general es positiva, pero no exenta de problemas. En líneas generales, el juego corre de forma estable, manteniendo una buena tasa de cuadros por segundo tanto en exploración como en combate. Sin embargo, los tropiezos técnicos no tardan en hacerse notar.
Uno de los problemas más comunes es el tartamudeo cuando el amplio mundo abierto está en todo su esplendor. Especialmente al cargar nuevas áreas o durante el autoguardado, se presentan pequeñas pausas de uno o dos segundos que, aunque no rompen la experiencia, sí afectan la inmersión en momentos críticos.
También existen caídas de rendimiento más notorias en situaciones específicas, como al enfrentarse a múltiples enemigos o cuando hay muchos efectos visuales en pantalla. Aunque no llegan a ser constantes, en esos picos se siente una caída de frames que son bastante visibles a la vista.

En mazmorras cerradas o interiores pequeños, el rendimiento es notablemente mejor. Aquí, el motor se comporta con mayor solidez, mostrando lo bien que puede lucir el juego cuando no está lidiando con el mundo abierto de Cyrodiil en toda su magnitud.
Un detalle importante es que, en Series S, no tenemos opciones gráficas avanzadas para elegir entre modo calidad o rendimiento como en Series X. La consola opta por ofrecer un balance automático, priorizando la estabilidad, aunque a veces sacrifica resolución o efectos para mantener el flujo de juego.
En mi experiencia, algunos cierres repentinos ocurrieron en momentos de alta carga de memoria, como durante grandes batallas o al viajar rápidamente entre zonas muy pobladas. No es algo constante, pero sí lo suficiente como para recomendar guardar manualmente con frecuencia si no quieren verse frustrados, como me pasó a mí de perder algo de avance porque el juego se cerraba.
Por supuesto, el legado de los bugs de Bethesda también sigue presente. Algunos errores clásicos, como NPC’s atascados, físicas impredecibles o eventos de misión que no se activan correctamente, forman parte importante de la aventura. Y si bien muchos son inofensivos, algunos pueden romper misiones.
En particular, ciertos errores graves obligan a retroceder a guardados anteriores para continuar avanzando, algo que, aunque frustrante, no es inesperado para quienes ya conocen cómo son varios de los juegos de Bethesda.
No obstante, es importante reconocer que la mayoría de estos fallos no ocurren con una frecuencia suficiente como para arruinar la aventura completa. Son tropiezos ocasionales en un camino mayoritariamente disfrutable, especialmente si se juega con la paciencia que esta clase de juegos suele requerir.

El tiempo de carga es otro aspecto que muestra claros avances respecto a 2006. Aunque no son instantáneos, los tiempos de espera entre zonas o al cargar partidas son mucho más breves, haciendo que la navegación por Cyrodiil sea más fluida y menos tediosa que en el pasado, cuando las pantallas de carga eran eternas.
Jugar Oblivion Remastered en Xbox Series S es una experiencia decente, pero lejos de ser perfecta. La remasterización mejora sobre el original en casi todos los aspectos técnicos, pero no logra deshacerse completamente de los fantasmas que han perseguido a Bethesda desde hace generaciones.
Y aunque sería fácil culpar al motor heredado o a la escala del mundo, la realidad es que muchos de estos problemas ya no deberían ser tan comunes en una remasterización de 2025. Aun así, para quienes ya conocen y aman este tipo de juegos, es un precio que muchos están dispuestos a pagar.
Una evolución sonora que conserva el encanto del clásico
El apartado sonoro de Oblivion Remastered es una de esas áreas donde los cambios, aunque sutiles, tienen un impacto profundo en la experiencia. Desde los primeros compases de su icónica banda sonora, uno se da cuenta de que la magia sigue intacta, casi dos décadas después del lanzamiento del juego original.
La música de Jeremy Soule regresa, conservando ese aire épico y melancólico que tan bien define la atmósfera de Cyrodiil. Cada melodía, cada nota, sigue funcionando como un hilo que conecta al jugador con el mundo, envolviendo cada aventura con una sensación de grandeza y de eterna aventura.
En esta remasterización, la calidad del audio fue mejorada, logrando que las pistas suenen más limpias y con mayor profundidad. Es una mejora que se siente más que se escucha: las composiciones ganan fuerza, los matices se perciben mejor, y la inmersión se refuerza con cada acorde.

La ambientación sonora también fue tratada con especial cuidado. Los efectos ambientales, como el crujir de las ramas, el murmullo del agua o el eco de las cavernas, ahora se sienten más naturales y envolventes, creando una sensación de vida continua que acompaña la exploración.
Uno de los aspectos más comentados es la preservación de las actuaciones de voz originales. Personajes como el emperador Uriel Septim, con la voz de Patrick Stewart, o los variopintos NPCs de las ciudades, mantienen su peculiar entonación, sus inflexiones a veces torpes, y esa extraña pero entrañable autenticidad.
Virtuos optó por mantener gran parte del doblaje original, lo cual fue, sin duda, la decisión correcta. Oblivion no sería Oblivion sin esas líneas de diálogo entregadas de manera a veces dramática, a veces inexplicablemente absurdas.
También se grabaron nuevas líneas de voz para ciertas razas y NPCs específicos. La intención era modernizar algunos segmentos y corregir inconsistencias, pero no todos los cambios se sienten bien. Algunos de los diálogos clásicos perdieron parte de su “encanto raro” en las nuevas grabaciones.
Especialmente llamativo es el caso de los mendigos, cuyas voces originales, que eran famosas por su tono rasposo y casi caricaturesco, fueron modificadas en esta versión, generando una sensación de extrañeza para quienes conocen bien el juego.
Esta mezcla de elementos antiguos y nuevos genera un ligero choque en ocasiones. Algunos efectos clásicos, como el zumbido de un hechizo o el impacto de una flecha, contrastan con los nuevos efectos más detallados.
Una mejora significativa se encuentra en la sincronización labial. Gracias a las nuevas animaciones faciales, los diálogos ahora son mucho más creíbles, reduciendo esas situaciones incómodas donde las bocas parecían moverse sin relación alguna con las palabras en pantalla.

A pesar de todos estos avances, Oblivion Remastered mantiene algunos errores sonoros típicos de la saga. Puede ocurrir, por ejemplo, que un sonido se quede atascado en loop o que un NPC hable fuera de sincronía en situaciones muy específicas. Son detalles menores, pero que siguen formando parte de ese encanto.
Entre la modernidad y la nostalgia
The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered no es simplemente una mejora gráfica sobre el juego de 2006. A lo largo de esta reedición, se introdujeron una serie de cambios que, aunque a veces sutiles, alteran la experiencia de maneras importantes.
La diferencia más obvia está en el apartado visual. Gracias a Unreal Engine 5, Cyrodiil ahora luce como un verdadero mundo de fantasía moderna: mejores texturas, iluminación dinámica, modelos de personajes renovados y efectos ambientales mucho más detallados.
El sistema de nivelación también fue revisado. Mientras que en el juego original era fácil arruinar la progresión de tu personaje al mejorar habilidades “equivocadas”, en la remasterización se adoptó un enfoque más flexible que combina lo mejor de Oblivion con el mítico Skyrim.
Oblivion Remastered es más que un simple lavado de cara. Es una modernización cuidadosa, que respeta profundamente el espíritu original, pero que también se atreve a hacer ajustes necesarios para que la experiencia sea más accesible y disfrutable en 2025.

No es un remake. No busca reinventar lo que ya funcionaba. Pero sí pule, readecúa y embellece, permitiéndonos volver a uno de los mundos más queridos de los RPGs, con una mezcla perfecta de nostalgia y renovación.
Conclusión
Oblivion Remastered es una remasterización que logra captar la esencia del juego original y, al mismo tiempo, ofrecer una experiencia renovada y más accesible para atrapar la atención de los jugadores que apenas conocerán Oblivion.
El trabajo realizado en todos los aspectos, desde lo gráfico hasta el apartado sonoro, refuerza la atmósfera única de Cyrodiil, mejorando la inmersión sin perder la magia que hizo de Oblivion uno de los RPGs más queridos de su época.
La mejora gráfica, gracias a Unreal Engine 5, trae un mundo más detallado y visualmente impactante, mientras que las animaciones más fluidas y la introducción de un sistema de carrera mejoran la jugabilidad, haciendo que la exploración y los combates sean más dinámicos. Además, las correcciones en el sistema de nivelación y la nueva opción de Orígenes ofrecen una experiencia más flexible, aunque respetuosa con las mecánicas que ya eran emblemáticas del juego original.
El apartado sonoro, aunque mejorado en términos de calidad, mantiene intacta la esencia de la banda sonora de Jeremy Soule y la interpretación de los personajes. Las decisiones tomadas con respecto al doblaje, aunque controvertidas, no afectan profundamente la identidad del juego, y los ajustes en la sincronización labial y la mezcla de audio elevan la experiencia. La remasterización no pretende reinventar los elementos sonoros, sino preservarlos mientras mejora su calidad y coherencia.
Oblivion Remastered respeta el alma del juego original en términos de narrativa, errores y características que formaban parte de la personalidad del título original. Las correcciones técnicas y mejoras visuales no alteran lo que hizo especial a Oblivion, sino que lo enriquecen, ofreciendo una versión que permite tanto a los fanáticos veteranos como a los nuevos jugadores disfrutar de este increíble mundo.
The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered está disponible en PlayStation 5, Xbox Series X|S y PC, dentro del catálogo de Xbox Game Pass.
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