Viviendo con TDAH y jugando Street Fighter Viviendo con TDAH y jugando Street Fighter
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Como es vivir con transtorno de déficit de atención y jugar a los videojuegos.

Toda mi vida he tenido Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), el trastorno neurológico más común de todos con una prevalencia en la población mundial del 5%; por decirlo de alguna manera, por cada 100 personas, nacen 5 con este trastorno. El problema, es que yo no me enteré que lo tenía sino hasta los 25 años de edad, y semana tras semana compartiré con ustedes mis experiencias con las manifestaciones del TDAH, principalmente con varios títulos que me toque jugar.

Cuando la desesperación por hacer un Hadouken cuesta toda la pelea

Streeet Fighter II, y sus múltiples presentaciones fueron de mis juegos predilectos durante la infancia y adolescencia; la facilidad de demostrar quién era el mejor agarrándose a golpes en un entorno seguro y controlado fue el principal atractivo desde que mis ojos vieron a Ryu peleando contra Guile en 1993. Y aunque disfrutaba de jugarlo repetidas veces, solo, con hermanos o amigos, siempre me topaba con la misma dificultad: era malísimo y desconocía la razón.

Uno de los indicadores para diagnosticar el trastorno dice lo siguiente:

  • Con frecuencia falla en prestar la debida atención a detalles o por descuido se cometen errores en las tareas escolares, en el trabajo o durante otras actividades (p. ej., se pasan por alto o se pierden detalles, el trabajo no se lleva a cabo con precisión).

Lo anterior resalta mucho con las habilidades necesarias para poder ser de los mejores en el juego, o mínimo ser lo suficientemente apto para hacer perder sus monedas a los que jugaban en la misma máquina.

Los juegos de pelea como Street Fighter dependen de cierta concentración, memorización y anticipación a los movimientos del oponente; se requiere, además, aprender una secuencia de comandos que, ingresada de manera correcta produce algún poder especial. Esto es muy sencillo una vez dominado, pero a mí me costó muchas derrotas y monedas de $1 peso por equivocarme múltiples ocasiones en las secuencias y en cómo y cuándo usarlas.

Podía yo estar haciendo las famosas “U” con el control, pero solamente conseguía que Ryu se agachara y diera un golpe. En el mejor de los casos, me salía de la nada un Tatsumaki Senpukyaku, sólo para darme cuenta que estaba apretando la patada y me encontraba en el lugar incorrecto de la pantalla.

Aunque se me hacía muy frustrante saber los comandos de memoria y equivocarme al hacerlos, no me rendía creyendo que, por mera suerte, conseguiría derrotar a mis amigos o a los vecinos de la cuadra. Cuando ya conseguía identificar los lados de la pantalla en la que estaba, y el comando del Hadouken o Shoryuken necesario, me topaba con otra dificultad: la perseverancia por saberlo y querer ocuparlo.

Por alguna razón, yo quería forzosamente hacerlo, y como no me salía, lo repetía hasta que lo lograra; muy tarde, ya que para ese entonces me había comido tres “licuadoras” de Zangief, dos patadas y ya habían bloqueado mi Hadouken de fuego.

Muchas veces me frustraba sin entender el por qué, algo muy común en las personas con TDAH; quienes recurrentemente nos equivocamos una y otra vez de la misma manera sin saber la raíz del error, ya que nos acostumbramos a hacer las cosas de cierta forma, y cuando algo no funciona, seguimos repitiéndolo creyendo que se replicará el resultado. Pero el problema persiste cuando la actividad se modifica a lo esperado, cometiendo nuevos errores y desconocemos enteramente el motivo.

Cuestionaba por que no me salía el comando si ya lo sabía, por lo que lo repetía una infinidad de veces, lo que me hacía perder en reiteradas ocasiones, creyendo que simplemente no era lo suficientemente bueno.

Al observador casual podría parecerle que efectivamente, yo era muy malo para Street Fighter; que no sabía cómo jugarlo o que no sabía hacer un simple Hadouken.

Lo que no veían, eran las horas que pasaba intentando jugar contra la computadora en Easy; las veces que, con pena, tenía que pedirle al asistente del Blockbuster si podía prestarme el manual del juego, ya que tenía todos los movimientos especiales. Casi siempre practicaba en privado, alternando entre poner pausa y ver el instructivo, hasta que internalizaba cada “poder” y me los sabía de memoria.

Pero aún con esto, no era oponente para mis amigos. Mientras yo había mecanizado los Hadouken y tatsumaki Senpukyaku, y sabía cómo ejecutarlos, no conseguía vencerlos. Si llegaba a ganarles una pelea, incluso cuando sentía que era de los mejores días de mi vida, me entraba la ansiedad y nerviosismo de poder perder, terminando como cualquier otro encuentro, hasta cayendo en perfect.

Todo porque había perdido la concentración

¿Por qué me pasaba esto? Las personas con TDAH, tenemos una dificultad inherente para aprender de los errores o de observar y entender por que nuestra conducta no funcionó de la manera esperada. No porque no podamos, sino que a nivel neuroquímico, nuestro cerebro tiene una carencia de Dopamina y Noradrenalina que no le permite funcionar en un nivel de desarrollo típico.

Esta no es una condición limitante para la persona, solo que si tuviera que ponerlo en el contexto de los videojuegos, es como llegar a la vida en dificultad “hard”, donde todo es exactamente igual pero con un nivel de complejidad mayor, enemigos más difíciles y menos tutoriales por todo el camino.

Mientras a los demás les puede tomar poco entender las mecánicas de un juego de peleas, o con más dedicación, cuántos frames se necesitan para cancelar un Hadouken; a mí me tomaba el doble o triple del tiempo de conseguirlo, especialmente por no aprender la forma y el tiempo a realizar cierto movimiento.

A los 25 años que al fin me di cuenta de lo que tenía, pude ir con un especialista para comenzar medicación. Esto cambió por completo mi perspectiva para los videojuegos, especialmente para Street Fighter.

Ya con la Atomoxetina que necesito, pude darme cuenta cómo todo lo que había aprendido de chico no se me había olvidado; ya podía agarrar a cualquier personaje e intentar hacer sus combos, tal vez no de manera perfecta, pero sí lo necesario para no perder como siempre.

Obviamente no fue como si eso me hubiera hecho el mejor jugador del mundo, listo para ir a EVO y destronar a Daigo, pero sí para aprender algo de mis largas y repetidas sesiones de juego con miles de derrotas. Conseguí no repetir la mayoría de mis errores, especialmente a no insistir en hacer un Hadouken sólo porque sé cómo hacerlo, pero sí para esperar a que mi oponente terminé su Shoryuken para hacer el mío, y al fin, dar una reñida pelea.

Pero para esto tuve que pasar por repetidas derrotas, múltiples noches en vela calculando el momento  en que Vega saltaba hacia mí y una infinidad de dedos magullados por no entender porque el Hadouken no me salía cuando yo quería. Lo bueno es que todo el trabajo previo que ya había hecho rindió frutos, pero únicamente cuando ya podía funcionar a un nivel más neurotípico de los demás.

A veces me gusta pensar que mi “yo” de ocho años me estaba preparando poco a poco a tener cierta tenacidad y perseverancia para los videojuegos, y con Street Fighter vaya que lo hizo. Me dio lo básico para años después entender las mecánicas del juego y saber que lo más importante para volverse bueno especialmente en los juegos de pelea, es la constante práctica.

Comentarios

kojy

kojy

Psicologo treintañero con TDAH, gusto por los RPG y repulsión a los MMO. Adicto al Ramen y esportologo (?) de cabecera para Dota. De niño instale el Atari de mi papá para jugar Fantasia