Mi juego favorito: Empire Earth Mi juego favorito: Empire Earth
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Hace muchos años, muchísimos para ser más exactos, cuando el Windows 2000 estaba en apogeo, los servidores en línea eran piratas y casi nadie tenía en su poder el Pentium III, yo jugaba como una posesa un título que a la fecha casi nadie conoce, ubica o recuerda gracias a que pasó desapercibido por uno de los gigantes de los RTS llamado Age Of Empires,  y mientras todos jugaban el AOE, yo no me despegaba de la pantalla de la PC por el sublime, al menos para mí, Empire Earth.

He de confesar que nunca he jugado el Age ni los Civilitation ni algún otro RTS, entonces ¿Cómo es que le pongo adjetivos a un título sin haber probado otros? Precisamente por eso, porque el Empire Earth era todo mi mundo, logró que se me quitaran las ganas de experimentar más juegos de este tipo porque el EE me brindaba y me otorgaba todo.

Ponerme en los zapatos de un ser superior que ordena, maneja la situación, mueve las piezas, envía a la guerra y otorga tecnología, creó un sentimiento de superioridad que no he sentido en ningún otro juego. Es una verdadera belleza comenzar como un Dios que desea construir una nueva civilización junto con los terrenales que exploran la tierra, que cazan, recolectan frutos y talan árboles. Como un Dios, observas el paso de las eras: desde la prehistoria, donde el ser humano no conocía de la vida, del universo y poco a poco conoce el fuego, la rueda, la astronomía y las matemáticas para evolucionar en su conducta, en su vestimenta, en su armería y en su combate.

La riqueza de Empire Earth reside principalmente en eso: el paso de la historia. Es sorprendente ver como el ser humano evoluciona a cada momento por sus conocimientos, como puede crear monumentos, nuevas armas; utiliza el fuego, a los animales, conoce de magia, de alquimia, de pesca y naval.

Es inimaginable las ansias de poder con la expansión de tu territorio por todo el mundo, el cómo poco a poco te acabas los recursos, el cómo extingues animales y el bosque que antes era inmenso se convierte en sólo un par de árboles porque el humano ha arrasado con ellos, porque necesita espacio para aeropuertos y naves futuristas. En sólo unas cuantas horas (o días) pasas de ser un simple hombre que mata tigres dientes de sable a pedradas a ser un robot que dispara lásers, pasando por las eras más importantes a lo largo de nuestra historia como humanidad: la edad de cobre, la oscura, la Edad Media, Renacimiento, La Era Industrial, Atómica y otras más que descubrirás gracias a tu crecimiento como pueblo, a tus dotes como ser supremo, a las victorias y a la conquista de territorios nuevos.

Claro está que Empire Earth explota mucho la cronología de la humanidad, ya que héroes como Napoleón Bonaparte o Julio César aparecen en el modo historia o en el modo de conquista. A mí no me gustaban las clases de historia universal en la escuela, no porque no me interesaran, sino porque nunca tuve maestros que me fascinaran por ese mundo lleno de fechas y nombres, pero Empire Earth me ayudaba, y mucho. Aunque eso sí, lo mío era crear mis pueblos a diestra y siniestra.

Estos héroes, además de tener sus propias leyendas, ayudan a tus aliados en el modo conquista con curación extra o a subirles la moral en momentos de crisis. Como todo un buen capitán, alienta a sus soldados a ir a la batalla y sobre todo a ganarla. Y tú, como el ser supremo, lideras el campo: preparas soldados, arqueros, torretas, francotiradores, aviones, robots, barcos; todo para vencer y ser el Dios de los Dioses y derrotar a tus enemigos.

Cada edificio, cada humano y cada atributo tienen un porqué, no se construyen sólo porque sí; cada paso, cada decisión, cada guerra, incluso cada árbol, cada animalito que sacrificas y cada recurso que tengas en tu poder sirven para aumentar tus habilidades, para enfrentarte a las adversidades, para salir triunfante.

En todo monento debes pensar cuándo atacar y cuándo recuperarte después de una guerra bestial, ya que a veces, sólo te queda un humano o una pequeña colonia y debes empezar de nuevo, comenzar tu territorio otra vez y es ese proceso es pesado, humillante, pero la lucha aún no termina y la sed de más y más nunca acaba hasta que la última torre caiga y el último ser muera.

Puede que ustedes entiendan de lo que hablo, del sentimiento de que ese título es el especial, el que no cambiarías por nada, el que te ofreció las mil y una aventuras. Sí, ÉL juego, aquel que, después de 16 años sigues adorando y sobre todo jugando, que cuando lo encuentras original por ahí en alguna plaza lo compras, sin importar el precio, porque sí, porque es ÉL juego.

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Rosée

Comunicóloga de profesión, escritora por vocación. Amante de los videojuegos, especialmente los RPG y los de terror. Ávida lectora, apasionada de la naturaleza, la música y la comida dulce. Ha viajado a Japón en dos ocasiones y desea recorrer el mundo y lo que éste puede ofrecerle. Actualmente es directora de la escuela de escritura "Cartas de Papel", participa en el programa de radio "Navegando en Videojuegos" y está en proceso de publicación de dos de sus novelas.