¿Por qué extraño Final Fantasy Crystal Chronicles? ¿Por qué extraño Final Fantasy Crystal Chronicles?
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Un relato de cómo un adolescente y su grupo de amigos se vieron más unidos que nunca por este juego.

(Como una manera de amenizar la lectura, dejaré algunas piezas del soundtrack a lo largo del artículo. Siéntete libre de escucharlas en el momento que te las encuentres).

Como parte de la #ChocoboWeek quiero compartirles sobre uno de mis juegos favoritos de toda la vida y uno que considero de los más fácilmente olvidados de la franquicia, Final Fantasy Crystal Chronicles para Nintendo GameCube.

El título salió como exclusiva de la consola de la gran N en 2004 y fue, junto con The Legend of Zelda: Four Swords Adventure, una de las principales armas comerciales para vender el cable link “GameCube – GameBoy Advance”.

La historia básicamente trata de un mundo invadido por una niebla maligna llamada “miasma”. Los habitantes se han refugiado en varios asentamientos cerca de cristales mágicos que limpian el aire a su alrededor, haciendo esos lugares seguros.

El problema para subsistir es que dichos cristales agotan su poder y necesitan de un líquido llamado “myrrh” para recargarse. Así que anualmente, todos los poblados mandan caravanas a recolectar dicho líquido vital. Es aquí donde entramos a escena.

JUGABILIDAD

Crystal Chronicles se puede jugar en modo de un solo jugador o acompañado de hasta tres amigos más. Esto determina mucho las dinámicas de juego y es, en lo personal, lo que considero una de las más grandes innovaciones que trajo este título.

Como parte de una caravana, vas equipado con un cáliz que contiene myrrh y te protege del miasma en una cierta distancia a la redonda, por lo que tu actuar está limitado a cierta área de la pantalla.

Al jugar solo, tu acompañante moogle cargará dicho cáliz, dejando tus manos libres para la batalla. En el caso del multijugador, tendrás que designar a alguien para cargarlo, haciendo a ese miembro del equipo vulnerable a los ataques o dejando a los demás compañeros a merced de que el portador quiera moverse al mismo ritmo del equipo.

Era muy hartante (o muy divertido si tú hacías la malobra) cuando tu compañero se iba al lado contrario para dejarte morir por respirar miasma.

El sistema de combate es realmente sencillo pues con un botón realizas ataques físicos y con otro cargas y sueltas las magias que lleves equipadas. Si bien golpear con las armas es bastante sencillo y se vuelve algo monótono a lo largo de los calabozos, lo verdaderamente interesante venía en el uso de la magia.

En modo solo, desde el menú podías fusionar las magias y soltar versiones más potentes, como firaga, blizzaga o demás ya conocidas. Pero jugando acompañado, cada uno tiene magias básicas, como por ejemplo Blizzard. Para crear versiones más fuertes de dicha magia, todos los jugadores tienen que sincronizar el uso del hechizo, al mismo tiempo y en el mismo lugar.

Ésto creó en su momento una dinámica de juego nunca antes vista, pues la comunicación y sincronía debía llegar a grados muy altos para lograr derrotar a los enemigos con dichas tácticas.

Si incluímos la posibilidad de curarse, ayudarse con encantos defensivos o compartirse ítems unos a otros, se tiene una estrategia profunda dentro de Crystal Chronicles, convirtiéndolo en un juego adelantado a su época.

Toda esta simbiosis entre jugadores tuvo su piedra angular en la conexión del GameCube con el GameBoy Advance a través del cable link. Las pantallas del juego principal, donde se encontraban los mapas, los personajes, los enemigos y demás, se mantenían en el monitor conectado a la consola casera.

Los menús individuales del jugador al entrar a una tienda, equipar armas o demás funciones que eran personales, se realizaban en la pantalla del GameBoy Advance. Ésto generaba que la experiencia de juego fuera muy fluida y todos pudieran jugar juntos, pero no revueltos.

A mi gusto, esa dinámica de doble pantalla en un juego, no se ha ejecutado de tan excelente forma como se hizo en Crystal Chronicles o en Four Swords. Y eso que ya tuvimos al WiiU en el mercado.

GRÁFICOS

En el apartado gráfico, aún recuerdo lo pulido de los detalles, los colores acorde a la comunicación visual del mapa y a la definición más alta que se había visto para la consola.

La dirección de arte fue un gran acierto pues todo iba muy de acuerdo a la experiencia de juego, además de explotar muy bien todos los recursos de las consolas, tanto casera como portátil.

Ahora que lo veo en retrospectiva, me da la sensación como si Square Enix hubiera contratado a Hayao Miyasaki para dirigir el arte. Es como una placentera fusión entre el mundo Ghibli y el mundo de Final Fantasy. Les dejo la introducción del juego para ver si piensan lo mismo que yo.

SONIDO

La música, como en cada entrega de Final Fantasy, es una delicia y cuenta con piezas icónicas que van desde lo alegre hasta lo sombrío o melancólico. Seguramente son canciones que no todos tienen grabadas en la mente, pero en mí, retumban y traen memorias cada vez que las escucho. Me recuerdan escenarios, momentos de mi adolescencia y los retos que debía superar dentro y fuera del videojuego.

La composición corrió a cargo de Kumi Tanioka y cada una de las piezas musicales refleja las características del mapa, se impregna del momento de la historia y se carga de sentimientos que logran expresar de manera efectiva al jugador.

La mayoría tiene un sello medieval pero sin dejar de lado los tenores de fantasía. Si bien los instrumentos base son normalmente la guitarra, percusiones y la flauta, cada una toma matices propios que hacen atesorarlas por cuenta propia.

A lo largo del especial les he compartido algunas de mis piezas favoritas del OST de Crystal Chronicles, pero si quieren escucharlo completo, lo pueden hacer aquí

RECUERDOS

Finalmente, quiero compartirles la parte más personal por la que quiero tanto a Final Fantasy Crystal Chronicles. Y esa razón, son los grandes recuerdos que tengo de mi adolescencia.

Cuando el juego salió en 2004, estaba cursando el primer año de preparatoria. Una etapa muy difícil para todos nosotros donde hay definiciones de tu carácter, tus aspiraciones, tus amistades y donde tu cuerpo no te deja ni un minuto en paz con los cambios.

Siempre he sido una persona a la que le gusta practicar deporte. Durante toda mi vida escolar estuve metido en las selecciones de fútbol, básquetbol y atletismo de mi escuela. Aún así, nunca fui lo suficientemente “cool” o adinerado como para pertenecer a los grupitos de los populares en la escuela, además que no me sentí cómodo con ellos.

Así que durante la secundaria me hice de varios amigos “nerds” o “geeks” que compartían varios de mis gustos y aficiones. La mayoría de ese grupo nos mantuvimos juntos durante la transición a la preparatoria y bajo el bullying de los más afortunados de la escuela. Así como el grupo de aventureros que recorrían con su caravana el mundo para salvarlo del miasma. Igual de únicos, igual de unidos.

Recuerdo mucho las tardes en que salíamos de la escuela y por lo menos dos de mis amigos iban corriendo a mi casa para jugar Crystal Chronicles juntos y poder acabarlo lo antes posible. No lo logramos aún con ese itinerario, pero recuerdo un momento en particular que guardo con mucha nitidez en la memoria.

Mi amigo Juan tuvo que cambiarse de preparatoria terminando el primer año por diversos conflictos y necesidades. Para despedirnos como se debía, su familia organizó un viaje a Acapulco para todo el grupo de amigos que sumábamos un total de 5 adolescentes desubicados.

Recuerdo que fue un gran problema conseguir el permiso de mis papás para ir, tanto que los papás de mi amigo tuvieron que platicar y explicar el plan a los míos para convencerlos de dejarme ir. Una vez con el permiso en la bolsa, metí toalla, traje de baño, algo de ropa y artículos de aseo personal en la maleta.

Pero algo que siempre tuve en mente desde que supe del plan, fue llevarme mi GameCube, equipado con el GameBoy Advance y Crystal Chronicles para ahora si poder jugarlo desde el amanecer hasta el anochecer y terminarlo de una vez por todas junto con mis amigos.

Y así, con más ganas de jugar que de salir a pasear por la playa, todo el grupo de “nerdos” estaban a la orilla del mar, en un buen hotel, con el verano a todo lo que daba, encerrados salvando el mundo del miasma. Por fin, después de un día y medio de arduo trabajo con sus respectivas pausas para comer y dormir, lo terminamos.

Terminar con Memiroa (jefe final) fue una hazaña que requirió de mucha comunicación, concentración y, sobretodo, confianza en que el otro estaba haciendo lo correcto. De inicio, a muchos les sonará raro o exagerado, pero sé que esos momentos de juego y aquella batalla, forjaron aún más una amistad muy fuerte que hasta el momento no ha dejado de ser.

Esa etapa y Final Fantasy Crystal Chronicles definieron mucho de lo que fuí, de lo que tuve y de lo que soy actualmente, pues sin esas amistades, seguro no estaría involucrado tan fuertemente en el mundo de los videojuegos. Es más, sin esas amistades, no hubiera sobrevivido la preparatoria.

Por estas razones extraño Crystal Chronicles, por eso anhelo un juego que por lo menos se parezca un poco, que se acerque a esa funcionalidad de pantallas dobles y que fortalezca el trabajo en equipo y la amistad como lo hizo en ese momento este título.

Y ustedes stylers ¿han jugado este spin-off de Final Fantasy? ¿Qué les pareció? Si no lo han hecho, espero después de leer estas memorias mías, se les haya antojado darle una oportunidad. Desde esos años hasta ahora, pido a Square Enix un nuevo título de características tan épicas como lo es Final Fantasy Crystal Chronicles, para llenar mi mente de nuevos y gratos recuerdos.

Comentarios

Edgar Hurtado

Ingeniero de profesión, comunicador de closet y videojugador de toda la vida. Hablo de cualquier tema, pero más de juegos, cine, series y tecnología.