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Los puntos de los que cojea la cultura del videojuego en México.

Por José M. Saucedo

Cuando finalmente tuve la oportunidad de seleccionar el contenido que se publicaría en la versión impresa de Atomix (hace una considerable cantidad de años), uno de los primeros ‘especiales’ que escogí fue el que celebraba los 10 años de Suikoden, una serie de JRPGS publicada por Konami. En su momento, estos juegos fueron elogiados por los conocedores del género e incluso, su segunda entrega está considerada entre los mejores títulos que se editaron para el PS One, pero cuando mencioné el tema durante la junta editorial de la revista, más de uno se preguntó qué caso tenía sacar ese artículo si nadie conocía (o recordaba) esa serie. Desde mi punto de vista, esa era la principal razón para publicarlo.

Suidoken

En la más escueta búsqueda que se puede realizar en Google encontramos que el término “Cultura” se define como los conjuntos de saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los medios materiales que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver necesidades de todo tipo.

Esto implica en más de una forma el conocer y reconocer no sólo la historia de tu comunidad y sus intereses, sino también las partes que las han llevado hasta lo que se conoce en un momento dado y la forma en cómo ha evolucionado. En el mundo de los juegos de video el concepto de cultura no difiere mucho de la definición anterior, y obviamente se extiende muchísimo más allá de saber que Super Mario Bros. fue el primer título que se empacó junto con el NES en el continente americano o entender que no por tener personajes cuadraditos tus gráficos son “retro”.

La cultura se extiende más allá de saber que Super Mario Bros.  fue el primer título que se empacó junto con el NES

La relación entre el medio y su cultura es un punto fundamental para su maduración y consecuente desarrollo. Hace un tiempo comenté lo importante que es la pasión que necesita tanto el medio como sus consumidores para poder establecer una relación que ayude a crecer a la industria a la cual pertenecen, pero dejé a un lado toda mención de la cultura, porque éste no sólo es un tema más amplio, sino también mucho más importante. ¿Por qué? La respuesta es sencilla, la cultura es quien sostiene y justifica la pasión de quien la vive.

Antes de continuar tenemos que dejar en claro que el tema de la cultura en el mundo de los videojuegos no es algo visceral, como la pasión o la expectativa (hype), ya que ésta se encuentra establecida en hechos que no sólo deben conocerse, sino también compartirse. Conocer lo que hay detrás de un juego no se queda únicamente en saber su fecha de salida, el nombre de los trabajos anteriores de sus creadores o descubrir datos al azar que uno verá repetidos una y mil veces en notas de prensa y sus derivados editoriales, sino también implica reconocer cada pieza y elemento de un juego, una serie o producto y las implicaciones que esto refiere a sus creadores más allá de la redacción publicitaria que ahora se acostumbra hacer pasar por “artículo” en casi todos los medios relacionados a este tema.

En Aztec-Tech, un instituto que buscó establecerse como la primera escuela profesional en el desarrollo de videojuego en México, yo tuve la oportunidad de dar cátedra y ahí fue cuando empecé a reconocer muchos de los puntos de los que cojea la cultura del videojuego en México. Desde alumnos que me aseguraban que un Resident Evil con zombis desnudas y mucha más sangre sería un éxito de ventas hasta gente que sólo quería saber cómo hacer un “pokémon chido” y uno que otro que consideraba que el primer juego de Castlevania era el de PS One ya que como todos los demás eran “viejos” no valía la pena jugarlos y por ende ya no influían en el desarrollo de la franquicia.

Fueron muchos los casos donde la falta de cultura del videojuego ponía en evidencia una ignorancia completa sobre un tema del que estaban apasionadamente aferrados en ese momento.

“la falta de cultura ni siquiera te permite reconocer lo que es lo que hace a un videojuego en sí…”

Desafortunadamente para el medio actual, esos ejemplos no se alejan mucho de la tendencia de quienes se dejan ir por las poderosísimas campañas comerciales para decidir si un juego es bueno o no, de aquellos que no son capaces de salirse de una idea o lugar común cuando opinan sobre un tema (como el clásico que relaciona la idea del juego difícil directamente con Dark Souls o Battletoads sin haber jugado ninguno de los dos), los típicos fanáticos aferrados que no dejan su marca o consola porque “los define” (aunque en el más común de los casos es porque es lo único que conocen), el clásico que califica mal un juego porque el resto habla bien de él o el ingenuo que está en contra de todos los anteriores porque van en oposición de su forma de ver o de pensar… y aclaro que esto no sólo aplica a los medios, sino también a sus consumidores.

¿Cuál es el problema principal con todo lo anterior? El más básico de todos es aquel en donde la falta de cultura ni siquiera te permite reconocer lo que es lo que hace a un videojuego en sí, más allá del producto o servicio con el que interactúas desde tu consola o PC, pero lo más preocupante –especialmente cuando uno se apasiona con el tema- viene cuando descubres todo lo que hay detrás y alrededor de toda esta industria y te enfrentas al ardua tarea de reconocerlo, valorarlo y así aprender a evaluarlo más allá de la escueta reseña de un página de internet o la recomendación mecánica que hace la gente que te dice que es bueno y a veces no saben ni porqué.

Esta revelación, que se deriva de la educación, es un arma poderosísima porque te obliga a dejar atrás esa devoción borrega donde tienes que jugar un juego porque todos dicen que está buenísimo para poder valorarlo y darte cuenta si lo es en realidad o no. Obvio, este conocimiento no hace la cosa fácil y en más de una ocasión provocará que te enfrentes a la mayoría, pero también hace que reconocer y valorar como bueno a un juego también haga que se disfrute más y por mucho más tiempo.

Un claro ejemplo de lo anterior se puede ver ahora con juegos como The Legend of Zelda: Skyward Sword o Batman Arkham Knight, dos títulos muy diferentes pero que fueron celebrados en su momento como los mejores de su género o franquicia, pero que con el paso del tiempo y la forma en cómo sus evaluadores (críticos y consumidores) fueron creciendo en experiencia o cultura comenzaron a perder todo ese apasionamiento hueco que recibieron a su llegada para enfrentarse a una realidad dura y mucho más madura.

¿Esto provocó que los juegos fueran malos? A los ojos de quienes no aprendieron de la cultura y la formación por la que pasaron, sí; y es un fenómeno común con tantísimos juegos que por ello a veces lo único que puede defenderlos es la nostalgia por lo que uno se imaginó o deseó a su llegada y nada más; pero para los que aprendieron a valorar y entender todo lo que involucra cada título, no sólo siendo una forma de entretenimiento interactivo, sino también lo que se deseaba lograr con ellos, encontrará en cada juego sus errores, pero también lo que los hace “buenos” o por lo menos, interesantes como productos o como un gusto personal.

La cultura en los juegos de video y su importancia al momento de valorar todo trabajo relacionado a ésta industria es algo tan básico que para mucha gente podría pasar desapercibido pero, ¿qué pasa cuando no se nos ha enseñado a conocerla, a valorarla y a heredarla? Nada, y eso es justamente lo que uno tendrá como resultado final en todo esfuerzo relacionado a los videojuegos cuando éste se hace por el puro gusto hueco, sin conocer su pasado y entender su presente: nada.

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José M. Saucedo

José M. Saucedo

Cinéfilo, Melómano, GAYmer. Creativo por Accidente, Psicólogo de Vocación, Marketing por Conveniencia. Cualquier parecido con la coincidencia es pura realidad.