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A 16 años de su estreno recordamos The Spirits Within, ¿fue tan mala, es de culto o dónde queda parada hoy en día esta película?

Por Erásmo Castellanos

Desde sus inicios, la relación entre el cine y los videojuegos ha sido complicada. Muchas de las incursiones de éstos en las salas de proyección han sido desafortunadas. Franquicias de renombre como Super Mario Bros., Street Fighter y Mortal Kombat cuentan importantes tropiezos en el séptimo arte, y tanto cinéfilos como gamers podemos agradecer a Uwe Boll que algunos de los peores largometrajes jamás realizados sean adaptaciones de juegos electrónicos. Hollywood no ha descubierto cómo trasladar a la pantalla grande las historias nacidas en las consolas; las fórmulas que permiten convertir una novela o un cómic en una película no funcionan en este terreno (a veces ni en la televisión), y eso ha dado pie a la noción de que estas manifestaciones creativas sencillamente no se llevan bien.

Las excepciones son contadas. En el año 2001, Square, responsable de la saga de RPG’s más aclamada de la industria, intentó triunfar por su cuenta en donde Nintendo y Capcom fracasaron, y lo cierto es que parecía contar con lo necesario: para entonces ya había enamorado a una generación de las narrativas de los Final Fantasy VI y VII, así como de las bellas cinemáticas de FFVIII y FFIX. Con estos antecedentes, el solo pensar en una cinta animada creada por ellos era emocionante (mucho más a sabiendas de que el director y escritor era Hironobu Sakaguchi, el creador de la serie), y cuando presentaron los primeros avances de Final Fantasy: The Spirits Within dejaron al mundo boquiabierto: con la que prometía ser una de las cintas más deslumbrantes del año no venía de las manos de cineastas como Steven Spielberg o George Lucas, ni de estudios como Walt Disney o 20th Century Fox, sino de un desarrollador japonés de videojuegos.

A los lectores más jóvenes les será difícil creerlo, pero en el 2001 no había otra película creada por computadora que se viera así. “Experience the fantasy”, nos decía el trailer, y todos estábamos seguros de que lo haríamos pues, ¿quién mejor que el autor del juego para llevarlo al cine?

 

La historia demostró que nos guarecimos bajo el árbol equivocado: la primera aventura cinematográfica de Final Fantasy tuvo un desempeño crítico y comercial que yo equiparo al de Treasure Planet, otra película visualmente atractiva que no vivió a la par de las expectativas. De hecho, ambas cintas tienen un paralelismo peculiar: su relación presupuesto-recaudación destruyó ramas enteras de los estudios que las produjeron; mientras que Treasure Planet sepultó al departamento de animación tradicional de Disney, The Spirits Within puso fin a Square Pictures y precipitó la salida de Sakaguchi de la empresa, así como su fusión con Enix.

¿Pero qué fue lo que salió mal? ¿Cómo nos llevó este título de la emoción a la decepción? Los motivos ya se han listado muchas veces: la pobre dirección del doblaje, los diálogos acartonados, la trama inconsistente, la ausencia de villanos, la música poco memorable… En breve: esta película de Final Fantasy en realidad tenía muy poco de Final Fantasy; carecía de espadas, magia, batallas épicas, Chocobos, jefes finales multi-etapas, las geniales bandas sonoras de Nobuo Uematsu y, en general, de todo aquello que hacía de los juegos experiencias entrañables.

Tenía una historia original, sí, pero no se sentía como un RPG, sino como un largometraje de ciencia ficción (y uno mediocre). Hoy, más allá de señalar sus aspectos negativos, cabe preguntarse: ¿en dónde está parada The Spirits Within dieciséis años después? Es recordada como una cinta infame que perdió mucho dinero, de eso no cabe duda, y sus debilidades argumentales, aunque indefendibles, suelen exagerarse con fines cómicos, mas hay un aspecto rescatable por encima de todo ello: el tecnológico.

De entre todos los que la comentaron en 2001, irónicamente fue Roger Ebert quien le dio una alta valoración por lo que su realización significaba para el cine animado, y es que su calidad gráfica fue su hazaña y su condena: ninguna película animada por computadora se veía así porque nadie había gastado lo que Square gastó en ella. Más de una tercera parte de su presupuesto ($137 MDD) se fue en crear un estudio de animación y rendering a la medida, y los gastos abarcaron una producción de cuatro años. El resultado fue tan espectacular que poco tiene que envidiarle a películas hechas más de una década después, pero también fue tan caro que no pudo recuperar su costo, y ya saben lo que eso significa en los negocios. Aún así, es válido señalar que, directa o indirectamente, estudios como Pixar y Dreamworks están cosechando los frutos de un terreno que Square fertilizó.

También es digna de mención una de las principales y más peculiares ambiciones de The Spirits Within; la intención de Sakaguchi que el personaje principal, Aki Ross, se convirtiera en la primera actriz virtual del mundo, es decir, que llegara a interpretar a otros personajes en cintas animadas (más o menos como el personaje de Rachel Roberts en S1MONE). Esto no se cumplió más allá de una forzada aparición en Maxim y esa leyenda que afirma que ella es uno de los personajes de The Animatrix, pero sentó el precedente de una realidad que de a poco se materializa: Aki no sería la última chica virtual en aparecer en revistas “para caballeros”, y muchos años después Lightning, la heroína de FFXIII, saltaría de la consola al mundo de la moda como modelo en una campaña de Louis Vuitton, con todo y entrevistas para diarios británicos.

The Spirits Within

Reza la sabiduría popular que el tiempo lo cura todo, y sin duda también se encarga de hacerle justicia al arte; en el caso de The Spirits Within, éste no hará que nadie estime más su narrativa (yo ni siquiera le concedería el estatus “de culto”), pero sí nos permite apreciar la influencia que tuvo en un mundo para el que la animación por computadora se ha convertido en la norma. Además, de los errores se aprende, y eso vaya que se reflejó en los posteriores esfuerzos animados de Square Enix, sobre todo en FFVII: Advent Children y la reciente Kingsglaive, que si bien aún distan de ser perfectas estuvieron mucho mejor ejecutadas y cumplieron aquello de “experience the fantasy” sin carecer de ambición.

El cine inspirado en videojuegos aún tiene un largo camino que recorrer antes de que las masas lo tomen en serio, pero quiera la Triada que algún día experimente un auge como el que viven hoy los superhéroes en la pantalla grande. Quizá con ello mayores públicos comprendan qué es lo que nos fascina tanto de franquicias como Final Fantasy y reconozcan a esta industria como lo que es: la octava expresión del arte.

 

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