De capa caída, Réquiem por las Películas de Superhéroes De capa caída, Réquiem por las Películas de Superhéroes
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Réquiem por las Películas de Superhéroes.

Si en algo estoy de acuerdo con Zack Snyder, reconocido director de cine que se ha hecho de nombre al darle vida a grandes fantasías contemporáneas y algunos de los cómics más influyentes en la historia de esa industria, es que cuando la gente piensa en Superman no lo hace con el personaje que vive en las páginas de DC Comics, sino pensando en el héroe simple y bonachón que interpretó Christopher Reeve en la ambiciosa película que dirigió Richard Donner en 1978. ¿Por qué? Quizá por el impacto mediático y cultural que alcanzó esa cinta, el cual continua vigente hasta el día de hoy, pero también porque simplificó y popularizó el concepto del superhéroe para el mundo entero, rompiendo toda clase de limitantes que había en ese entonces para el género.

Obviamente que no podemos marcar el inicio del ahora señalado género de superhéroes con la primera película de Superman, especialmente si consideramos que la historia de este personaje fuera de los cómics empezó en la radio durante 1940 y para ese entonces ya existían otra gran cantidad de figuras en el audio y el papel que luchaban por la paz, la justicia y la libertad. La Sombra, el Avispón Verde, el Fantasma, Mandrake y Flash Gordon se encuentran, junto a muchísimos otros héroes que el tiempo ha olvidado, como los pilares de un género que desde siempre ha sido visto como una mera distracción, como un pasatiempo intrascendente que en más de una forma ha sido ridiculizado casi de la misma forma en como se ha mantenido vigente hasta el día de hoy.

Desafortunadamente para los detractores del género, quienes han sido capaces de descalificarlo en un principio hasta exponerlo  como una de las tantas causas que han pervertido a la juventud de su época correspondiente, el género de superhéroes dentro y fuera de los cómics no sólo se ha mantenido, sino que ha ido acrecentando su importancia dentro del entretenimiento contemporáneo al punto de establecerse ahora como el centro de atención, interés y ganancia más grande que tiene el cine comercial a nivel mundial no sólo en los Estados Unidos, sino también en el resto América, Asia y Europa.

¿Por qué? ¿Qué es lo que tiene un personaje vestido con ropa estrafalaria y un emblema en el pecho como para llamar la atención no sólo de niños pequeños, sino también de adolescentes y adultos? Sólo basta con ver un poco más allá de ese uniforme colorido y lo excéntrico de sus nombres o aventuras para encontrar una respuesta contundente.

En sus inicios, Superman no luchaba contra poderosos villanos o malévolos extraterrestres; los enemigos del último hijo de Krypton no eran más que los criminales comunes y corrientes con los que uno podrían enfrentarse en la vida real y el héroe en realidad no era más que la vida secreta y emocionante de una persona igual de común y corriente que los pillos que mandaba a la cárcel semana a semana en las páginas de su primer pasquín. Ante esta situación, ¿quién no querría vivir esas aventuras? ¿Quién no gustaría de tener habilidades especiales con las cuales enfrentar los obstáculos que nos ofrece la vida diaria? Ese simple principio es el que dio comienzo a la verdadera popularidad del superhéroe y es a partir de ahí que sus creadores decidieron hacer un género que ofrecería algo más que entretenimiento a su público.

Desde el rol que representa la Mujer Maravilla en el mundo de los cómics hasta las fortísimas críticas sociales que impusieron personajes como los Hombres X y la rebeldía hacia las concepciones religiosas y culturales que trajo Spawn, el género de superhéroes se estableció, creció y ofreció a una generación tras otra el escape hacia una realidad donde se podían vivir fantasías tan reales como la rebeldía, la inclusión, la justicia, la maldad y el amor pero, en el camino se logró una identificación que llevaría este apasionamiento por los personajes con capa mucho más allá del pasatiempo iluso o el consuelo inconsciente en el que podríamos reducir el género.

“Supergods”, uno de los ensayos más completos y mejor logrados que se han hecho sobre superhéroes, fue escrito por el genial Gran Morrison (uno de los escritores más importantes en la industria del cómic estadounidense), y en él, el autor se atreve a señalar a estos personajes como los nuevos dioses. Así como en su época cada cultura en cada región de este planeta vio, vivió y veneró las figuras divinas como un escape y justificación de su realidad -por más cruel o insignificante que fuera-, en la cultura globalizada del día de hoy encontramos en esos superhéroes la figura casual con la que una persona común busca identificar sus fantasías en un principio, pero también aquella a través de la cual tratará de redimirse y hasta crecer en un ideal de vida que va mucho más allá del juicio que nos limita simplemente a ser buenos o malos.

En 2008, gracias al increíble poder que tienen la mercadotecnia, la publicidad y las redes sociales, el mundo entero conoció a el Hombre de Hierro, personaje de Marvel Comics que hasta ese momento era un héroe segundón fuera de los impresos, pero que al llegar a la pantalla grande comenzó una fórmula -ahora genérica pero en su momento extremadamente funcional-, en la que el público veía un espectáculo liderado por un hombre común que decide buscar la redención y enfrentar sus demonios personales para ser una mejor versión de sí mismo.

De esta forma otros héroes se establecen en la misma narrativa que ahora inunda las salas de cine, entregándonos múltiples historias de origen que aparentan presentarnos únicamente el inicio de las aventuras para un personaje, pero que de cierta forma sirven como una puerta abierta para que alguien encuentre en cada campeón ese camino con el que se identificaría de alguna manera, generando un interés en conocerlo más y mejor y también, quizá, en proyectar en esa figura todo aquello que nos gusta y nos disgusta de ellos mismos. Esta fórmula, este concepto es en mucho la razón por la que el universo cinematográfico de Marvel se estableció tan rápido y tan pronto en el gusto del público a nivel mundial, permitiendo que creciera de la forma en como lo ha hecho; sí, sé que muchos podrían decir que es el absurdo nivel de publicidad el que mantiene el interés en cada cinta, pero, si no hubiera ese interés inicial en sus historia y personajes, ninguna cinta de esta compañía o de cualquier otra lograría los éxitos que ha logrado dentro y fuera de la pantalla grande.

Es gracias a este ideal que de pronto otras cintas de superhéroes se volvieron un estandarte para alguna lucha social, como ocurrió este año con la Mujer Maravilla, como lo fue la maniaca serie de Batman para la generación que la vio en la televisión por primera vez en 1966. De hecho, es justamente el error en trasmitir ese idea, de lograr esa identificación del espectador con el héroe y lo que representa el que hace caer a las malas películas de superhéroes aun cuando tengas todo el apoyo comercial; es por ello que cintas como Steel, Blade Trinity. Linterna Verde o la propia Batman V. Superman fueron recibidas de forma tan polémica y al final, sólo se quedarán en el olvido.

Cada héroe, cada historia y cada generación ha encontrado un punto común para identificarse, ya sea como personas o como ideales, en donde las impactantes habilidades de cada personaje sirven sólo como una herramienta para acercar más al espectador con aquello que desea y que no necesariamente sería el súper poder, sino aquello de lo que sería capaz de hacer con él; por eso es que los buenos siempre ganan, por eso es que el género que funciona siempre es el de los héroes, porque en el fondo todos deseamos siempre ser una mejor versión de nosotros mismos.

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José M. Saucedo

José M. Saucedo

Cinéfilo, Melómano, GAYmer. Creativo por Accidente, Psicólogo de Vocación, Marketing por Conveniencia. Cualquier parecido con la coincidencia es pura realidad.